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Entre las afecciones que sufren los pies de los niños en verano están el ‘pie de atleta’, las ampollas de fricción, la dishidrosis (en niños con dermatitis atópica), o heridas / quemaduras provocadas al caminar descalzos y exponerse a distintos agentes externos. Nos encontramos muchas veces también con el problema del mal olor debido a una sudoración excesiva.

La recomendación más importante que nos dan los podólogos es la higiene, y tendremos en cuenta que en esta época es muy importante mantener los pies de nuestros hijos limpios y bien secos (especialmente entre los dedos).

Caminar descalzos es muy beneficioso, aunque hay muchas superficies en las que está completamente desaconsejado. Por ejemplo las aguas estancadas, o zonas comunes ( por ejemplo el pavimento de un parque infantil) sucias y que puedan contener elementos cortantes.

Por eso incentivaremos que caminen descalzos por la playa o una zona de césped que consideremos segura (libre de excrementos de perros o de cristales), pero siempre después de los juegos de deben volver a lavar los pies con agua jabonosa, y secar cuidadosamente.

Para cuidar rozaduras en casa, bastará con lavar bien, dar toques con una gasa humedecida en antiséptico, y cubrir con curita para protegerla del contacto con el calzado.

Como parte de los cuidados estivales, está la hidratación (importante en el caso de los atópicos) con crema, y el tratamiento del sudor excesivo: a no ser que nos encontremos ante casos de mal olor, bastará con aplicar talco Pulvapies que seca, suaviza y a la vez permite la transpiración. Sobre todo, es un producto que puede ser utilizado por niños.

Cuando los pies puedan entrar en contacto con la humedad acumulada, es necesario utilizar calzado de caucho para evitar el contagio por hongos. Así que debemos recordar a los niños que en las duchas de piscinas y playas, se calcen sus chanclas, para evitar riesgos.

¿Cuál es el mejor calzado para el verano?

Tendremos en cuenta tres requisitos básicos: que sean cómodos, que estén fabricados en tejidos naturales (excepto, claro está, aquellos de goma que utilizaran para entrar en duchas o no resbalarse), y que ajusten bien (no deben oprimir ni venir demasiado grandes).

En la medida de lo posible se evitará el calzado cerrado y los calcetines.